SEMANA XIV: EVANGELIOS

Lunes: «Confianza, hija, tu fe te ha salvado»


Evangelio de San Mateo 9,18-26

• Rehabilitación de dos mujeres, una joven devuelta a la vida, una mujer madura. El ambiente social y religioso de estas acciones es adverso a Jesús: un jefe judío, un cadáver impuro, una mujer con hemorragias.

• Los dos milagros tienen significados múltiples. Los judíos con responsabilidad religiosa –letrados, doctores de la ley, fariseos– no admitían a Jesús. Uno de ellos, quizá encargado de la sinagoga, tiene la audacia de acercársele para pedirle un favor.

• En medio de la multitud, una mujer enferma busca expresamente tocar a Jesús, al menos su manto, a sabiendas de que su mal se lo impedía. Tiene la audacia de hacerlo.

• ¿Qué es lo que la audacia de estos dos personajes manifiesta? Hay en ellos un germen de fe y confianza en ese hombre que desafía las prescripciones del culto sobre lo puro y lo impuro.

• Jesús a su vez tiene la audacia de acoger a esa mujer impura que toca su manto, a fin de confirmarla en su fe y rehabilitarla en su persona: «Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado».

• El mejor milagro es ver cómo Jesús reconforta a esa mujer, mostrándole la fuerza que hay en ella: su audacia, su fe. Como si el milagro no lo hiciera Jesús, sino la confianza de la mujer.

• La niña muerta está rodeada de plañideras que gimen a gritos acompañadas por música fúnebre. «¡Retírense!» Lo primero que hace Jesús es poner paz en medio del alboroto.

• Al oírle decir, «la niña no está muerta, duerme», se burlan de él. Es la reacción de gente que se resigna desesperanzada ante la fatalidad. No queda más lamentarse.

• Jesús realiza un gesto natural, toma a la niña de la mano y ella se levanta. El arrojo de Jesús al enfrentar la fatalidad de la muerte es pura energía vital que comunica a la niña al tomarla con su mano.

• ¿Qué resulta de estos milagros? Su efecto es otro milagro: la comunicación que abre horizontes de esperanza a la gente: «La noticia se divulgó para aquella región».

 

Lectura: Génesis 28,10-22

• El sueño de Jacob es una teofanía que adopta figuras de las religiones mesopotámicas: la escala evoca la escalinata de los zigurats que eran unas edificaciones religiosas, digamos, como las pirámides mesoamericanas.

• Lo singular del sueño está en las palabras que escucha Jacob: «Yo soy el Señor, el Dios de Abraham, tu padre, el Dios de Isaac». Y también en la estela que Jacob erige a la cual da el nombre de Betel, que significa «Casa de Dios». Así es como se va configurando la revelación del Dios de la Alianza.

 

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Reflexión: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 30: En la época de Jesús, la enfermedad es vista como castigo divino y señal de que el enfermo es rechazado por Dios, lo cual produce desaliento y culpa (Cf. Gn 30,1; Lv 15,19-31; Nm 19,11-22). - Antioquía (Siria), año 80: Ahora estamos viviendo el tiempo mesiánico (Mt 9,14-17), en el que los enfermos son sanados y los muertos resucitan, atestiguando la novedad del Reinado de Dios ya inaugurado.

• Sentido El Evangelio se refiere a la “sanación de una mujer enferma y a la resurrección de la hija de un alto personaje”. Ambos episodios enseñan que la fe en Jesús, el Mesías, permite reconocer la dignidad de la mujer, en el mismo nivel que la del varón, y, además, llaman a Israel, esposa de Yahvé, a responder al Proyecto del Reinado de Dios. El tema se desarrolla en tres pasos:

• Espera (9,18-19). El alto jefe manifiesta una actitud de espera deferente frente a Jesús, con un gesto próximo a la adoración. La reacción del Nazareno es inmediata y decidida: se levanta y sigue con sus discípulos al padre de la joven muerta. Lección: Jesús se acerca sobre todo a quienes sufren, y, al hacerlo, les da la posibilidad de pedir y recibir ayuda.

• Sanación (9,20-22). Al gesto de la enferma sucede inmediatamente la aprobación de Jesús. La fe de esta mujer se expresa inicialmente con categorías de la magia popular; pero lo esencial es que la conduce a Cristo. La mujer toca el manto del Señor, quien, después de volverse, la ve, la anima y, por fin, la sana. La bondad del Nazareno ve en esta mujer temblorosa a una persona torturada. El gesto de la mujer es más bien una introducción a la palabra soberana de Cristo: “Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado”. La fe es la única obra que Jesús puede aceptar y exigir, ya que es, primariamente, confesión de impotencia o debilidad, a la que Él responde concediendo la sanación a la persona. La mujer ha sido sanada por la Palabra de Jesús. Moraleja: La fe en Jesús es sanadora.

• “Ella se levantó” (9,23-26). Jesús toma la mano de la jovencita, ella se pone de pie, resucitada. La narración es muy palestinense: los flautistas, la gente ruidosamente compasiva y, luego, agresiva e irónica respecto al Nazareno. Cristo dice que la niñita duerme, no porque crea que todavía vive ni porque piense que la muerte es un sueño, sino para significar que Dios, por su ministerio, va a demostrar que la muerte no es eso irreparable y absoluto ante lo cual los seres humanos reaccionan ciertamente con terror, pero tratando de ocultar su seriedad con pompas ruidosas. Mensaje: La fe en Jesús, muerto y resucitado, es la puerta de la Vida sin fin, de cada persona y del Pueblo de Dios.

Semana XIV – Martes (aquí)