SEMANA XVI: EVANGELIOS

Lunes: «Aquí hay alguien que es más que Jonás»


Evangelio de San Mateo 12,38-42

 • ¿Qué signo podría haberles dado Jesús a quienes se lo pedían? Esa fue una de las tentaciones que tuvo en su vida. La tuvo anticipada. El diablo lo llevó a la cúspide del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo».

• Jesús realizaba obras extraordinarias, sus milagros, pero no con el propósito de atraer sobre sí la atención, sino por sanar enfermedades y dolencias, por reconstituir a las personas en cuerpo y alma.

• Jesús llamaba la atención por su enseñanza, pero no con el propósito de presumir sabiduría y elocuencia o para engañar y engatusar, sino para comunicar las cosas de Dios y abrir horizontes de plenitud humana a la gente.

• Jesús atraía multitudes, reunía en torno a sí toda clase de gente, personas excluidas, maltratadas, ninguneadas, pecadoras, pero no por fama y renombre, sino para sembrar la amistad con Dios y entre ellas.

• Jesús se mantuvo firme en mostrar el amor de Dios contra la indiferencia de unos y la oposición de otros, lo cual le llevó a la cruz y a poner toda su esperanza en Dios.

• Todos esos fueron sus signos, señaladamente la cruz. Y no fue él quien convalidó su misión, sino Dios, su Padre, que lo resucitó de entre los muertos.

• ¿Qué más signos podría haberles dado Jesús a quienes se lo pedían? ¿Qué más signos nos puede dar a nosotros?

 

Lectura: Éxodo 14,5-18

• En el relato de la Epopeya del Éxodo llegamos a un momento crucial. El Faraón, obcecado, se arrepiente de haber dejado salir a los judíos y sale en su persecución con todo el aparado del poder.

• Ante esta amenaza, los judíos se arrepienten también de haber escapado hacia la libertad y quieren volver a someterse a la esclavitud y reclaman a Moisés: Déjanos en paz y serviremos a los egipcios; pues más nos vale servirlos que morir en el desierto.

• Moisés, primero, exhorta al pueblo: No teman, manténgase firmes y verán la victoria del Señor. Luego Dios mismo por boca de Moisés, les dice: Pónganse en marcha... que así sabrán los egipcios que yo soy el Señor.

• Este episodio debería tomarse como paradigma de lo que ocurre en toda sociedad cuando se busca la libertad, la vigencia de los derechos humanos, la concordia y la paz frente a dictaduras y gobiernos autócratas: es una lucha larga, dura y costosa, y es esperanzadora y victoriosa. Y también puede presentarse la tentación de seguir sometidos cómodamente a un poder omnímodo.

 

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Reflexión: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 30: Algunos fariseos y escribas piden a Jesús que les haga ver un signo que pruebe su mesianismo. - Antioquía (Siria), año 80: El principal signo que han de testimoniar los discípulos es la muerte de Jesús, pero interpretado desde la fe en la resurrección.

• Sentido El Evangelio contiene “El signo de Jonás”. En el texto se pueden distinguir tres partes:

• Pregunta (12,38). Para los fariseos y los escribas el Mesías debía hacerse reconocer por ciertos signos concretos; esto supone que ellos niegan el valor mesiánico a las señales que Jesús ha realizado anteriormente, lo mismo a “las obras del Mesías” (11,2) que a la liberación del endemoniado (12,22); miran lo que el Nazareno dice y hace como faltos de respaldo divino (Mt 4,5-7). Lección: En la vida y en el ministerio de Jesús se pueden discernir los caracteres definitivos del proyecto de amor y misericordia de Dios para los seres humanos.

• Respuesta (12,40). El Nazareno rechaza de plano la petición de los jefes y los increpa. Los israelitas de entonces se expresan en la persona de sus jefes, escribas y fariseos, quienes los tienen bajo su influjo al aceptar la doctrina de ellos (11,16); así el pueblo se ha transformado en “perverso”, es decir, en enemigo de Dios (12,34) y en “adúltero”, esto es, en infiel a la alianza con Dios por seguir falsos dioses (cf. Os 2,1ss; 5,3s; Jr 3,6ss; Ez 23; Sal 73,27; etc.). “No se le dará”: Dios mismo no les dará la señal; este signo la dará el sentido de la relación entre el encierro del profeta Jonás en el vientre de la ballena (Jon 2,1) y el hundimiento de Jesús en la muerte a la que sigue su resurrección. Moraleja: “Esta generación” es doblemente culpable; no ha comprendido el sentido del amor y la misericordia de Dios Padre por todos, contenido en el signo de Jonás y en el signo de Cristo-Jesús.

• Cambios (12,40-42). Privados de los signos que piden, los judíos no cambian: siguen en su actitud cerrada al mesianismo del Nazareno. El Antiguo Testamento da cuenta de que Nínive, siendo una ciudad pagana, hizo caso a la predicación del profeta Jonás y se arrepintió (Jon 3,5-10); además, narra que la reina del Sur, siendo pagana, vino a escuchar la sabiduría de Salomón (1 Re 10,1ss). Los israelitas de aquel tiempo están ciegos, porque “aquí hay uno que es más que Jonás”, “aquí hay uno que es más que Salomón”: Jesús es el Mesías, y, por tanto, es un profeta muy superior a Jonás y un rey mucho más sabio que Salomón (cf. Mt 2,1-12: 12,6). A quienes no buscan una fraternidad universal les cuesta descubrir el mesianismo de Jesús, porque se presenta con sencillez de vida y optando por la muerte de cruz. Mensaje: Quienes están encerrados en el individualismo o en un nacionalismo no pueden soportar que Jesús sea el Mesías del Dios vivo.

Semana XVI: Martes (aquí)