SEMANA XXV — EVANGELIOS

Jueves xxv: «¿Quién es este del que oigo decir estas cosas?»


Evangelio según San Lucas 9,7-9

• Cuando el anciano Simeón tuvo al niño Jesús en sus brazos, profetizó: «Este será signo de contradicción, a fin de que se manifiesten los pensamientos de muchos corazones» (Lc 2,34-35). El mismo Jesús dijo: «¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? No he venido a traer la paz sino la división». (Lc 12,51)

• Jesús provocó crisis. Esta palabra viene del verbo griego krinein: cortar, separar, dividir, decidir. krisis: decisión, elección, juicio. Su persona y su palabra son como reactivo en pruebas de laboratorio. Ante él ocurre una decisión: quién es él. Y también: quién soy yo.

• Herodes enfrentó esa crisis ante la persona y la enseñanza de Jesús. Lucas lo presenta desconcertado: «¿Quién será este de quien oigo tales cosas?» Oía hablar de Jesús, deseaba verlo, pero no se definía ante él.

• Durante la pasión, Pilato envió a Jesús ante Herodes, que se alegró mucho de verlo, por lo que oía hablar del él y esperaba que hiciera un milagro. Pese a ello, por las acusaciones de los sacerdotes y letrados contra él, lo trató con desprecio y burlas.

• Ese hombre indefinido era Herodes. Fue indefinido también ante otro hombre que provocó en él una crisis, Juan Bautista. Fue indefinido ante la presión de Herodías que odiaba a Juan. Fue indefinido ante la chiquilla cuya danza le complació. Fue indefinido ante sus invitados al banquete de cumpleaños.

• Esa indefinición de un potentado de la época, su frivolidad con la que envolvía su vida cortesana, su volubilidad para no quedar mal entre sus convidados, su cobardía ante los odios y rencores de su amante, su afán de poder y voluntad de mostrarlo... terminan otras crisis muy diferentes: el asesinato de Juan Bautista y la colusión en la condena a muerte de Jesús.

• Esa es la contradicción, la división, que hunde sus raíces en el corazón humano y que Jesús vino a poner de manifiesto: «¿Quién es ese del que se oyen decir estas cosas?».

 

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Reflexión: Julián Riquelme

Contexto - Galilea, año 30: El pueblo en su mayoría están como electrizados esperando al Mesías, pero inicialmente no descubren a Jesús ni siquiera como un nuevo profeta. Poco a poco la situación fue cambiando. - Grecia, año 80: Jesús es un personaje absolutamente nuevo: es el Mesías, que anuncia el Reinado de Dios: por eso hay que escuchar su Palabra y ponerla en práctica (cf. Lc 9,18.20).

• Sentido El Evangelio se refiere a las “opiniones sobre Jesús en la corte de Herodes”. El texto se puede dividir en tres partes:

• Lo confunden con Juan Bautista redivivo (9,7). Los servicios de inteligencia de Herodes recogen lo que el pueblo piensa de Jesús. Juan Bautista ya ha sido ejecutado por orden del tetrarca. Motivos: a) El profeta Juan le echaba en cara el vivir en situación de adulterio con su cuñada, la mujer de su hermano (Lev 18,16). b) El Bautista le alteraba el “orden público”, dado que muchos se estaban inclinando en considerarlo un mesías; y, según el Imperio Romano, a los mesías había que eliminarlos.

• Otros opinan que es Elías o un antiguo profeta (9,8). No faltan quienes sostienen que Jesús es Elías retornado: Elías fue un profeta, a quien le movía el celo por Yahvé, capaz combatir la idolatría atrayendo fuego del cielo a la tierra (1 Re 18,29-19,4), y se decía de él que estaba en el cielo sin haber muerto (2 Re 2,1ss) y que volvería a la tierra para preparar el camino del Señor (Mal 3,1ss y Eclo 48,10). Otros agregaban que el Nazareno podría ser algún otro antiguo profeta. Total: Para varias creencias populares Jesús no representaba nada nuevo.

• Las dudas de Herodes (9,9). El tetrarca vive en la incertidumbre, pues, por un lado, sabe que él hizo decapitar a Juan Bautista y, por otro lado, siente curiosidad, mezclada con temor, por ver quién es Jesús. ¿Le echaría en cara el martirio de Juan? ¿Le revolvería el ambiente ciudadano de sus súbditos?

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