SEMANA XXV — EVANGELIOS

Viernes xxv: «Tú eres el Mesías de Dios»


Evangelio según San Lucas 9,18-22

• Ayer fueron la indefinición, la frivolidad, la volubilidad, la cobardía, la prepotencia que llevan, no a una confusión, no a una negación, sino a un aniquilamiento, a cegar la vida, a la muerte.

• Hoy son la definición, la mesura, la valentía, la sencillez, la veracidad, la diafanidad que conducen a una confesión de fe concisa y diáfana: «Tú eres el Mesías de Dios».

• ¿Cómo es que se dan estos contrastes en la vida personal, en el trato con los demás, en la historia, de suerte que tenemos cotas muy bajas y muy altas de humanidad?

• La cuestión tiene que ver con la índole de las personas, con el medio en que viven o vivieron, con su biografía, con las profundidades oscuras del subconsciente y las pasiones. Esta es parte de la respuesta.

• Otra parte depende de una tensión dialéctica entre las pulsiones siniestras que anidan en lo profundo del ánimo y los destellos de luz con frecuencia efímeros, con gracias y bondad que anidan también en profundo de nuestro ser.

• Nuestro predicamento, esa crisis que es decisión, elección, juicio, determinación, tensa nuestra consciencia y encauza nuestro destino, es el juego de nuestra libertad. En ella se inscribe, sin quizá nosotros notarlo, el suave impulso de la gracia de Dios.

• No jugamos a solas nuestra libertad, siempre es acompañada por el impulso de la gracia. Hemos de acoger ese don de Dios y serle fieles. El predicamento es que en nosotros está quererlo o no quererlo.

• Jesús, ¿dónde, cómo encontraba su definición, quién era él? Dice san Lucas al comienzo del relato: «Un día en que Jesús oraba a solas...». La encontraba en diálogo con su Padre: Él es el Hijo muy amado. 

 

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Reflexión: Julián Riquelme

Contexto - Palestina, año 30: Concluida la primera parte de su ministerio con las multitudes en Galilea: Anuncio del Reino, Parábolas y Milagros, Jesús comienza a enseñar algunas experiencias claves a sus discípulos, antes de subir a Jerusalén. - Grecia, año 80: Aceptado Jesús como Mesías, hay que testimoniarlo con la práctica, al interior del Impero Romano.

• Sentido El Evangelio trata del “Mesianismo de Jesús". Contiene los siguientes aspectos:

• Profesión de fe (9,18-20). Es un momento decisivo: El Maestro de Nazaret ora por sus discípulos. Después, Jesús les pregunta qué opinan las multitudes de Él; la respuesta no aporta ninguna novedad a lo conocido en la historia del pueblo. Finalmente, el Señor interroga a sus discípulos de manera directa; Pedro hace de portavoz de todos los seguidores de Cristo: “Tú eres el Mesías de Dios”. La oración del Maestro es la que permite esta confesión de fe y no los conocimientos humanos.

• Primer anuncio de la Pasión (9,21-22). Jesús indica a los suyos el Mandato del silencio sobre su Mesianismo, porque, si se publica, la gente no asimilará el sentido más hondo del seguimiento, sino que entrará en el bullicio político triunfalista: “¡Fuera los romanos!”; y las consecuencias serían nefastas. En este contexto, Cristo les dice que Él es el Mesías Siervo de Yahvé, que camina hacia la Vida Plena del Reino. Nuestro Mesías asume el sufrimiento para manifestar el Amor del Padre, por todos y cada uno de los seres humanos.

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