Evangelio de San Juan 20,1-10
• El versículo 1 del capítulo 20 del Evangelio de San Juan es un parteaguas decisivo, fundamental: «El primer día de la semana muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro».
• Los versículos 2 y 3 del capítulo 1 del Génesis dicen: «La tierra no tenía forma; las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: ―Qué exista la luz».
• Hay un paralelismo misterioso entre estos dos pasajes, ¿en qué consiste? El poema del Génesis alude a la creación del universo. Lo primero que existe es la luz. No se trata de un hecho cosmogónico sino de un símbolo: la Creación toda es Luz de Dios.
• Juan alude a un sepulcro vacío que María ni siquiera lo mira: al llegar al umbral del sepulcro solo contempla la piedra retirada, supone o colige que el sepulcro está vacío. El relato alude a un vacío, una especie de nada, para insinuar que ha ocurrido un portento, el cual no se describe: la Nueva Creación, la Resurrección de Jesús.
• El relato continúa en esa oscuridad de un no-saber lo que ha sucedido. María llega a donde están los discípulos y les comunica su no-saber: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto». «No sabemos» (en plural). Ella, ¿quiénes más? Nadie la había acompañado.
• Todo el episodio se desenvuelve en la oscuridad. Pero también en la expectación, la esperanza, el deseo de saber qué es lo que ha ocurrido: «Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro».
• Pedro llega al sepulcro y observa, lo que María no hizo, por cierto. ¿Qué observó? Los lienzos en el suelo y el sudario que le había envuelto la cabeza, no en el suelo con los lienzos, sino enrollado en lugar aparte.
• Lo único que observa Pedro es el orden bien dispuesto de los lienzos y el sudario de Jesús. Observa una ausencia, un vacío, que es signo de su no-saber. Pero ese vacío está en orden.
• De pronto, como en la primera creación, se hace la luz: «Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó». ¿Qué fue lo que vio? ¿en qué creyó? No vio a Jesús resucitado, creyó en Jesús resucitado. De pronto, todo lo que habían meditado en las Escrituras cobró un nuevo sentido.
• Este es el Misterio de la Nueva Creación. Adviértase que de la Primera Creación no hay, por supuesto, ningún testigo. Sabemos de esa creación por la fe.
• De la Segunda Creación tampoco hay ningún testigo. Nadie puede dar razón de ella. Sabemos de la Nueva Creación, que es la Resurrección de Jesús, por la fe.
• De esa Resurrección que es Segunda Creación, en la que participan quienes han dormido en el Señor y que será la nuestra en esperanza, sabemos también solo por la fe.
Primera Carta de San Juan 1,1-4
• Después de la Navidad hasta el Bautismo del Señor, se lee la Primera Carta de San Juan. Su comienzo, que se lee en esta Fiesta de San Juan, es magnífico: hace eco al Prólogo de su Evangelio.
• En el Prólogo, Juan se remonta al origen del universo, el misterio insondable de la Divinidad: «Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios. Ella existía al principio junto a Dios. Todo existió por medio de ella y sin ella nada existió de cuanto existe».
• En la Carta, Juan se remonta al origen del misterio humano de la Divinidad: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos, es lo que les anunciamos: la Palabra de Vida».
• En el Prólogo, Juan había dicho: «Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo Único, Dios, que estaba al lado del Padre, Él nos lo dio a conocer». En la Carta dice: «La vida se manifestó: la vimos, damos testimonio y les anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos ha manifestado».
• ¿Qué sugiere este paralelismo que se remonta hasta el Principio, el Divino y el Humano? El Evangelio de Juan y la Carta son una meditación, narrativa aquel, discursiva esta, acerca de la Palabra hecha carne, que hemos oído, que hemos visto con nuestros ojos, que hemos contemplado, que hemos palpado con nuestras manos.
• Este Misterio se despliega en la Carta a modo de espiral entorno a un eje formado por la Palabra que se hace carne y el Dios Amor que se hace amor fraterno.
• El Tiempo Litúrgico de Navidad es una buena ocasión para meditar en la Encarnación de la Palabra y la Encarnación del Amor. Estos son los temas de la carta: Dios es Luz (1,5-2,28), Dios es Justicia (2,29-4,6), Dios es Amor (4,7-5,4), Dios es Verdad (5,5-21).
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Reflexión: Julián Riquelme
• Contexto - Palestina, año 30: La ausencia de Jesús se representa por el sepulcro vacío. El Nazareno no ha quedado prisionero de la muerte. El discípulo ideal, como ha experimentado la amistad de Jesús, comprende las señales y cree. - Jerusalén, año 100: Con la resurrección de Jesús ha comenzado la nueva época de la historia, el tiempo mesiánico.
• Sentido El Evangelio trata del “sepulcro vacío” al celebrar la fiesta de San Juan, apóstol y evangelista. En él se pueden destacar estos aspectos:
• Anuncio a los dos discípulos (20,2). María Magdalena cree que la muerte ha triunfado. Va solo a visitar el sepulcro. Ella buscaba al dador de la vida como a un cadáver. Al encontrar vacío el sepulcro se alarma y da la noticia a los dos discípulos. Lección: La muerte de Jesús no interrumpía su vida.
• Los dos discípulos corren al sepulcro (20,3-7). Los discípulos se encuentran en distinto lugar, pues están dispersos. También ellos piensan que Jesús es un muerto. Los dos discípulos corren juntos, mostrando su adhesión a Jesús y su interés por lo sucedido; sin embargo, en el trayecto ocurre una diferencia: el dicípulo ideal se adelanta a Pedro. Esto simboliza que Simón Pedro aún no ha aceptado el sentido de la entrega de Jesús, la ve como un fracaso; creerá después al tomar consciencia de que el cadáver del Nazareno no ha sido robado. Moraleja: La muerte por amistad y amor a todos es fuente de vida.
• El discípulo ideal cree (20,8). El discípulo ideal corre más rápido porque tiene experiencia de la amistad y del amor del Maestro, que entrega su vida en la cruz. Mensaje: Hay que tener fe en la vida. Cuando celebramos al Recién nacido en Belén, estamos celebrando a Quien murió para que todos tengamos vida, y hoy está resucitado.
Domingo de la Sagrada Familia (aquí)
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