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Salmo 49: ¿Por qué he de temer los malos tiempos…?

— por Hna. Gabriela Vergara

 

2 ¡Oídlo, pueblos todos,
escuchad, habitantes todos de la tierra,
3 lo mismo plebeyos que notables
ricos y pobres a la vez!
4 Mi boca va a hablar sabiduría,
y cordura el murmullo de mi corazón;
5 tiendo mi oído a un proverbio,
al son de cítara descubriré mi enigma.

6 ¿Por qué he de temer los malos tiempos
cuando me cerca la malicia de los que me hostigan,
7 los que ponen su confianza en su fortuna,
y se glorían de su gran riqueza?
8 ¡Si nadie puede redimirse
ni pagar a Dios por su rescate!;
9 es muy cara la redención de su alma,
y nunca tendrá suficiente,
10 para vivir eternamente
sin tener que ver la fosa.

11 Puedes ver, sin duda, morir a los sabios,
lo mismo que perecen necios y estúpidos,
y acabar dejando a otros sus riquezas.
12 Sus tumbas son sus casas eternas,
sus moradas de edad en edad;
¡y habían dado su nombre a países!

13 El hombre opulento no comprende,
a las bestias mudas se asemeja.

 

14 Así andan ellos, seguros de sí mismos,
Aprueban, satisfechos, su conducta.
15 Como ovejas son llevados al Abismo,
los pastorea la Muerte,
van derechos a la  tumba.
Su imagen se desvanece,
el Abismo es su mansión.

16 Pero Dios rescatará mi vida,
me cobrará de las garras del Abismo.

17 No temas cuando el hombre se enriquece,
cuando crece el boato de su casa.
18 Que a su muerte, nada ha de llevarse,
su boato no bajará con él.
19 Aunque en vida se daba parabienes
(te alaban, cuando todo te va bien),
20 irá a unirse a sus antepasados,
que no volverán a ver la luz.

21 El hombre opulento no comprende,
a las bestias mudas se asemeja.

 

● ● ●

 

En el contexto social en el que nos corresponde vivir, viene bien detenernos en este salmo 49 y experimentar con el salmista la confrontación de estas dos realidades que nos hablan de confianza en Dios y confianza en lo superfluo y efímero de la vida, todo aquello que genera falsas riquezas y seguridad: dinero, honor, prestigio, poder… Esas situaciones que nos llevan a hacernos preguntas existenciales sobre el futuro de aquellos que se jactan de sus riquezas y de los que por otro lado pasan su vida tratando de alcanzar esas riquezas… En cualquiera de los dos casos, el final es el mismo: la muerte, el término de un camino. ¿Cómo llenar de sentido la vida? ¿a qué dar prioridad, en qué ocuparnos?

Para una mejor comprensión al texto, este se podría dividir según el siguiente esquema temático:

  ● Introducción del salmo (vv 2-5)
  ● Pregunta existencial: «¿Por qué he de temer los malos tiempos…?» (vv 6-7)
  ● Realidad humana: finitud, limitación, muerte (vv 8-10)
  ● Situación del malvado que no conoce a Dios, del que ha puesto su confianza en si mismo (vv 11-15)
     ⦁ condición mortal de todo ser humano
     ⦁ de qué valen las riquezas, el honor
     ⦁ su imagen se desvanece
  ● Realidad de aquel que ha puesto su confianza en Dios, «Dios rescatará mi vida» (v 16)
  ● Conclusión (vv 17-21)

Es importante resaltar los versículos 13 y 21 que repiten una misma sentencia: «El hombre opulento no comprende, a las bestias mudas se asemeja». ¿Quién es el hombre opulento? Aquel que esta cegado por su riqueza, su prestigio, su autosuficiencia, aquel que no logra dar espacio al único que puede darnos y restituirnos nuestra dignidad, nuestra vida, según las palabras del salmista, el que«nos rescata»: Dios.

Así, volvemos a la idea primera, que nos motiva a presentar este salmo 49 como respuesta a aquellas interrogantes que se nos plantean, cuando percibimos que vivimos y estamos inmersos en esos malos tiempos, en los que pareciera que triunfan los malvados, aquellos que se glorían de sus riquezas, que muchas veces nos hostigan, nos van llevando a la fosa, a la oscuridad. Es en esos momentos cuando aparece también la certeza y la experiencia fundante que llevó al salmista a reconocer que, teniendo su confianza puesta en Dios, en Aquel que salva de la fosa, de la tiniebla, es posible rehacer el camino y continuar la lucha desde la justicia.

Al terminar releamos el salmo y dejemos que la pregunta primera siga resonando en nuestros oídos, acompañado de estos dos versículos del libro de Proverbios que hacen eco a este salmo:

«La fortuna del rico es su defensa, la ruina del pobre es su pobreza» (Prov 10,15)
«Nada sirven sus riquezas el día de la ira, pero la justicia salva de la muerte» (Prov 11,4)

 

 

Agosto 2017

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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