EVANGELIO DOMINICAL

Domingo 3º de Cuaresma


Lecturas: Éxodo 17,1-7 / Romanos 5,1-2.5-8 / Juan 4,5-42

Botón homilético: Francisco Quijano

• Dos extraños se encuentran. Jesús llega a descansar junto a un pozo en territorio samaritano. Se acerca a sacar agua una mujer de ese pueblo que se había apartado de la fe en Yahveh, tenía sus dioses –representados por sus maridos– su culto, su religión.

• Una cita fortuita, incómoda, a solas entre un judío y una samaritana. «Dame de beber» ‒le dice él‒. «¡Cómo! ‒se sorprende ella‒, tú, siendo judío, ¿me pides de beber a mí que soy samaritana?».

• Esta cita se convertirá en un punto de encuentro en el que se abren cuatro horizontes y caminos de futuro insospechados: para ella, para dos pueblos recelosos uno del otro, para la humanidad entera, para los discípulos de Jesús.

• En conversación con ese judío desconocido, ella va descubriéndolo, él le ofrece un manantial de vida inagotable. Ella también va descubriéndose hasta comentar, feliz, a sus compatriotas: «¡Vengan a ver a un hombre que me ha contado todo lo que yo hice!».

• Ella tiene ahora un horizonte de futuro: ha descubierto quién es ella, se ha reconciliado con ella misma, ha dejado su pasado, no está ya merced de otros para saciar sus deseos, ha recobrado su dignidad, es una mujer libre.

• «Los judíos no se tratan con los samaritanos» ‒comenta el narrador‒. Son dos pueblos que se recelan. Lo dice ella: «Nuestros padres daban culto en este monte, ustedes dicen que es en Jerusalén donde hay que dar culto». Nosotros / ustedes: la oposición, el reclamo. Nosotros estamos en la verdad, ustedes no.

• El judío desconocido rompe la frontera del ustedes / nosotros. Ni aquí ni allá, mujer. «Llega la hora ‒le dice‒ en que ni en este monte ni en Jerusalén se dará culto al Padre... Los que dan culto auténtico adorarán al Padre en espíritu y en verdad».

• Hay ahora un nuevo horizonte de futuro para judíos y samaritanos, para judíos y cultores de otras religiones ‒dirá otro judío que cruzó fronteras, Pablo‒. Hay un horizonte de amplitud mundial que rompe fronteras nacionalistas estrechas.

• El judío desconocido agrega: «Dios es Espíritu y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad». Se cruzan así las fronteras estrechas entre religiones. Uno solo es el Padre de la humanidad, que ha sido convocada a vivir en amistad con él.

• Los discípulos, que habían ido al pueblo por comida, regresan y se sorprenden de que el Maestro este hablando con una mujer, además, samaritana y quién sabe qué clase de vida lleve. Piensan para sus adentros, sospechan ―¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?―. Pero de lo guardan.

• Ella se va. Los discípulos dicen a Jesús: «Maestro, come». El les dice: «Yo tengo por comida un alimento que no conocen». Ese alimento es la voluntad de su Padre, y esa voluntad es una cosecha abundante de amistades. Concluye el narrador: «Muchos samaritanos de ese pueblo creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer».

• Los discípulos van aprendiendo: «Otros trabajaron y ustedes recogen el fruto». ¿Quién trabajó? Esa mujer de la que sospechaban: ¡Abran ojos y oídos! ¡Abran su corazón! Ella fue la que trabajo. Y qué bien que hoy, Día de la Mujer, escuchemos esta historia de la Mujer Samaritana.

• San Agustín termina así su comentario a este pasaje del Evangelio:

  «No en un monte, no en un templo, sino “en espíritu y verdad”, porque así quiere el Padre que lo adoren. ¿Por qué busca el Padre que lo adoren no en un monte, no en un templo, sino “en espíritu y verdad”? Porque “Dios es espíritu y es preciso que quienes lo adoran, adoren en espíritu y verdad”.

  »¡Si pudiera encontrar –decías– algún monte alto y solitario! Como yo creo que Dios está en las alturas, me escucharía mejor desde las alturas. ¿Crees que por estar en un monte estás más cerca de Dios? ¿Crees que te va a escuchar en seguida, como si le llamases desde cerca?»

  »¿Buscas un monte? ¿Quieres ascender? Asciende, pero no busques un monte. Si buscas un lugar alto, un lugar santo, ofrécete a Dios en tu interior como templo. ¿Quieres orar en un templo? Ora en ti. Pero sé primero templo de Dios, porque él escuchará en su templo al que ora».

 

 

Lecturas: Éxodo y Romanos

• El agua y la sed tienen un significado simbólico en las religiones y aun en la vida ordinaria y el sentido común: la sed es una pulsión orgánica, es ansia de beber, y es también símbolo de la necesidad de satisfacer los deseos. Pero, ¿qué deseos?

• A los judíos liberados de la esclavitud en Egipto, Dios les prometió una tierra pero, sobre todo, los convocó a vivir en libertad siguiendo las cláusulas de la alianza que son los diez mandamientos.

• Estos mandamientos son, en realidad, las condiciones básicas para vivir en libertad y en sociedad con nuestros semejantes. Hoy se traduciría en una sociedad fundada en la vigencia de los derechos humanos y en libertad para conducir la propia vida.

• Los israelitas no fueron capaces de tener sed por esa sociedad y esa libertad, no fueron capaces de buscar con perseverancia esas condiciones de convivencia en libertad, quisieron volver a las condiciones de su esclavitud porque saciaban así sus necesidades inmediatas.

• Reclaman a Dios: «¿Nos has sacado de Egipto para matarnos de sed? ¿Estás o no estás con nosotros?»

• La historia de los judíos, este episodio en particular, es como una parábola para examinarnos, hoy en día, como personas y como sociedad: ¿qué es lo que anhelamos? ¿por qué causas luchamos? ¿qué clase de vida y sociedad queremos? Porqué las personas y las sociedades pueden recaer en las esclavitudes de su pasado.

• San Pablo traslada la parábola de los israelitas en el desierto camino una liberación plena a la condición de toda la humanidad, que ha sido liberada de la esclavitud del mal y del pecado por Cristo.

• A esta humanidad liberada, Dios le ofrece una esperanza que no la defraudara: vivir en amistad con Dios. Esta es la garantía de la esperanza cristiana: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado».

• Giovan Francesco Barbieri (1591-1666), llamado Guercino: Cristo y la mujer samaritana, 1619
• Artemisia Gentileschi (1593-1654): Cristo y la mujer samaritana, c. 1637
• Leer el comentario completo de san Agustín sobre este pasaje (
aquí)

 

• • •

 

Claves para la homilía: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 30: Más de una vez el Jesús histórico se encontró con los samaritanos, pues Samaría quedaba entre Galilea y Judea, y el Nazareno era abierto. - Jerusalén, año 100: Ya existen seguidores de Cristo en Samaría (Hch 1,8; 8,5-25; 9,31; 15,3), pero hay que fortalecer la unidad de la fe en la persona de Jesús, entre ellos y los de la Iglesia Madre de Jerusalén, y propiciar en la tierra el crecimiento de la adoración a Dios Padre en Espíritu y en verdad.

• Sentido El tema del Evangelio es “Jesús entre los samaritanos: ¿Cómo actúa?”. Esta catequesis manifiesta las siguientes actitudes en Cristo:

• Derriba fronteras para acoger (4,5-15). La sorpresa de la Samaritana (4,9) se debe a que reúne en sí tres rasgos, que, a los ojos del “verdadero israelita”, la hacen despreciable y objeto de marginación: es mujer, samaritana y prostituta. El Nazareno se presenta como el Dador del Agua Viva (4,14ª); esta agua es símbolo del Espíritu de Dios; el Espíritu es único y Jesús histórico hizo la experiencia de Él; ahora, resucitado, Cristo posee la plenitud del Espíritu de Dios. El ser humano recibe esa Vida Nueva en su raíz misma, en lo profundo de su ser (4,14b), y así el Espíritu de Dios, que es el fundamento trascendente y más íntimo de cada individuo, va creando la unidad en la diversidad. Lección: Jesús busca siempre el encuentro y el diálogo, especialmente con los alejados, con aquellos que se esconden porque se sienten juzgados. con los que llevan tantas heridas en el corazón.

• Escucha para anunciar (4,19b-26). Los samaritanos poseen su templo en Garizim reconstruido el año 30 a. C.; los judíos no tienen el templo de Jerusalén, pues fue destruido por Tito y sus tropas el año 70; el redactor del Evangelio, en el año 100, estima que los judíos, seguidores del Mesías, están en una situación más provechosa, porque han encontrado formas de culto más sencillas y comunitarias (4,22), mientras que los samaritanos continúan con sus antiguos ritos más despersonalizados. La hora que ha llegado no es la cronológica, sino la mesiánica; se refiere al instante en que Jesús manifiesta el Amor del Padre por todos, durante su Pascua (4,23; cf. 13,1). Espíritu, en la mentalidad bíblica, significa que Dios es fuerza, dinamismo de amor, vida para los seres humanos; el culto desde nuestro interior a Dios Padre ya no es tema de lugar físico (Jerusalén o Garizim), pues Dios está en todos y cada uno de los seres humanos, que pueden adorarlo “en espíritu y en verdad” (4,24). Enseñanza: En el diálogo, Jesús revela la esperanza de una fe en espíritu y en verdad donde no hay privilegiados ni marginados. Ojalá que el testimonio de tu encuentro con Jesús sea también: “Vengan a beber del agua viva que ofrece Jesús. No se engañen más en tantas aguas que no calman la sed. ¿No será Él a quien están necesitando?”

• Permanece para acompañar (4,39ª.40-42). Los samaritanos reciben a Jesús, y le piden que se quede un tiempo con ellos. Él acepta y los acompaña. Mensaje: Ojalá que la gente, creyendo en tu testimonio, busque a Jesús y, encontrándolo, responda: “Jesús es nuestro salvador”. (Guillermo Acero Alvarín, “Les doy una Buena Noticia”, 08-03-2026).

• Jacob van Oost el Joven (1637-1713): Cristo y la mujer samaritana, 1668

Cuaresma III: Lunes (aquí)