Evangelio de San Lucas 2,22.36-40
• Ana, Simón, María, José, Isabel, Zacarías y muchos más cuyos nombres ignoramos formaban parte del grupo de gente sencilla que mantenía viva la fe del pueblo judío que había padecido toda suerte de conquistas y dominaciones.
• Después del exilio en Babilonia y la repatriación bajo el imperio persa, este pueblo no volverá a ser un reino independiente. En su seno vivía mucha gente cuya religión consistía en venerar la Ley de la Alianza.
• Ana, mujer anciana, viuda, sin descendencia, representa la pequeñez y fragilidad de ese resto de gente fiel a la Alianza. En el momento de la presentación del Niño Jesús en el Templo, Ana, al igual que Simeón, manifiestan lo que late en su corazón:
• Ella se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la liberación de Jerusalén. De esa esperanza de liberación se nos encomienda ser testigos en nuestros días y a dar razón de ella en un mundo desesperanzado.
Primera Carta de San Juan 2,12-17
• Continúa la meditación de Juan acerca de la luz con una advertencia diáfana: «No amen al mundo ni lo que hay en él: quien ama al mundo no posee el amor del Padre» (I Jn 2,15). ¿De qué mundo habla Juan?
• Él usa la palabra mundo con tres significados: i) mundo es el universo creado; ii) mundo es la humanidad creada por Dios a su imagen; iii) mundo es la humanidad en la historia desfigurada por el pecado.
• A estas tres formas se refiere el Prólogo del Evangelio (1,9-10): «La Palabra, la luz verdadera que ilumina que todo hombre, estaba viniendo al mundo (i). En el mundo estaba y el mundo (ii) existió por ella y el mundo (iii) no la reconoció».
• El mundo (i) que es la creación y el mundo (ii) que es la humanidad creada son un mundo bueno que proviene del amor de Dios: «Vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno» (Gen 1,31).
• El otro mundo (iii), el mundo creado por nosotros, por nuestra maldad, no es bueno y no proviene de Dios. Ese es nuestro mundo distorsionado, pervertido, violento. ¿Por qué es así? Esto dice la Carta: «Porque todo lo que hay en el mundo –avidez de las pasiones, codicia de los ojos, jactancia de las riquezas– no procede el Padre, sino del mundo» (I Jn 2,16).
• En estos tres deseos irrefrenables se encierra todo el drama de la vida humana y la historia: satisfacer toda suerte apetitos, vanagloriarse y aspirar a la fama, endiosarse con las riquezas y el poder.
• En esa humanidad desfigurada y en ese mundo dominado por deseos desenfrenados, la Palabra, Luz del mundo, se hizo carne. ¿Por qué lo hizo así? «Tanto amó Dios al mundo (ii), que entregó a su Hijo Único, para que quien crea en Él no muera, sino tenga vida eterna» (Jn 3,16).
Este es el drama de la liberación del mundo-humanidad (ii), que la Palabra hecha mundo-carne (i) realizó al vencer al mundo-pecado (iii) en la cruz.
• La Carta proclama el triunfo de la Palabra Luz del mundo (i y ii) sobre el mundo (iii): «Les he escrito, hijos, porque conocen al Padre... Les he escrito, padres, porque conocen al que existe desde el principio... Les he escrito, jóvenes, porque son fuertes y la Palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido al maligno».
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Reflexión: Julián Riquelme
Contexto - Palestina, año 1: Seguramente José y María agradecieron a Dios por el niño Jesús. - Grecia, año 80: Para Lucas, Jesús es el Mesías y Juan Bautista es su Precursor: 1° Porque cuando Jesús niño es llevado al Templo, provoca el despertar de la profecía, y Juan, no; 2° Porque al narrar la infancia y adolescencia de ambos, dice que Jesús crece en sabiduría y gracia, y de Juan, no lo dice.
Sentido El tema del Evangelio es la "Presentación de Jesús en el Templo y su retorno a Nazareth". En el texto se pueden distinguir los siguientes focos de atención:
Conducción de Jesús niño al Templo (2,22). Si bien, históricamente, los judíos no acostumbraban a llevar al niño para la presentación en el Templo, pues concurría solo el padre (Ex 13,1-2.11-16), Lucas da mayor realce a esta escena como una acción de gracias y una consagración del niño a Dios por parte de sus padres (2,22b-24; cf. Mal 3,1). Lección: Es algo encomiable que los padres agradezcan y presenten siempre a sus hijo/as ante el Dios de la Vida.
La profetisa Ana y el niño (2,36-38). Ana tiene la misión de comunicar la esperanza mesiánica a todas las personas, que acuden al Templo: da gracias a Dios y habla de la importancia que tiene Cristo para humanizar los hogares (2,36-38). Moraleja: Acojamos hoy la experiencia y la invitación de Ana, para mirar con profundidad, descubrir y ver el sentido de igualdad social, que Jesús vino a traer, como Luz, para todas las personas y naciones.
La vida privada de Jesús en Nazareth (2,39-40). “El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él” (2,40). Éste es el Jesús que de verdad interesa: Un ser humano que recorre nuestro propio camino, y, de esa manera, puede indicarnos la orientación a nosotros. Mensaje: Si se tiene en cuenta el refrán: “De tal palo tal astilla”, hay que suponer que el niño Jesús aprendió inicialmente a amar en su familia y en las relaciones de quienes le rodeaban: allí fue educado en el exigir cada día menos y darse cada día más.
Octava de Navidad: Día VII (aquí)
Evangelio de San Juan 1,1-18
• Hoy, último día del año, al igual que la Misa del Día en Navidad, se proclama el Prólogo del Evangelio de San Juan, un himno excepcional de los primeros cristianos. Quien se interese lea una meditación de fin y principio de año inspirada en este himno (aquí).
Primera Carta de San Juan 2,18-21/22-29
• Seguimos con la Carta de Juan. En este pasaje hay dos temas: una enseñanza sobre el Espíritu Santo y otra sobre una distorsión de la fe en la Encarnación de la Palabra y en el amor al prójimo.
• Lo primero. San Juan dice dos cosas: «Ustedes han recibido la unción del Espíritu Santo, y todos tienen la verdadera sabiduría» (2,20). «Conserven la unción que recibieron de Jesucristo y no tendrán necesidad de que nadie les enseñe; porque su unción, que es verdadera e infalible, les instruirá acerca de todo. Lo que les enseñe consérvenlo» (20,27).
• Esta enseñanza se relaciona con la de Jesús en la Última Cena: «El Defensor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho». (Jn 14,26). «Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena» (16,13)
• El Espíritu Santo, su inspiración y su luz, suscita y fortalece la fe, y guía la conciencia al tomar decisiones. Para creer hemos de escuchar la Buena Noticia y conocer a Jesús. Necesitamos, además, la unción del Espíritu para que nuestra fe sea una realidad vital.
• Esto debería tener mayor incidencia en la vida de la Iglesia, particularmente en la vida de los laicos, de modo que confíen en su conciencia, iluminada por el Espíritu, al tomar sus decisiones.
• En una conferencia sobre la conciencia como expresión de madurez, fray Timothy Radcliffe, que fue Maestro de la Orden de Predicadores, cita estos dos pasajes de la Carta, y dice:
«Esta comprensión personal de la verdad del evangelio nos protege de ser arrastrados a ciegas por la muchedumbre. Cuando era joven seminarista, el Papa Benedicto encontró que la enseñanza del Cardenal Newman sobre la conciencia era inmensamente liberadora: “Habíamos experimentado el reclamo de un partido totalitario que se consideraba la culminación de la historia y negaba la conciencia del individuo. Uno de sus líderes llegó a decir: ‘Yo no tengo conciencia. Mi conciencia es Adolfo Hitler’”». De modo que la conciencia individual resiste cualquier reclamo totalitario, hasta de la propia Iglesia. Como bien dijo Newman: “Yo brindaré por el Papa, si se quiere ‒es más, primero por la Conciencia, y luego por el Papa”.
»Esto, sin embargo, es una verdad a medias. Como cristiano yo creo que soy humano en sentido pleno únicamente por las relaciones que tengo con otras personas. Yo existo no solo porque yo pienso, como decía Descartes, sino porque yo soy-en-relación. La conciencia es con-scientia, conocer con otras personas. Yo no puedo buscar la verdad solo por mi cuenta. Yo llego a conocer porque soy miembro de una comunidad».
• Esta reflexión apunta a crear un ambiente propicio en las comunidades cristianas y en la sociedad, para tomar decisiones que convengan al bien humano y, entre creyentes, al bien de la comunidad cristiana.
• Lo segundo. El Anticristo, que niega al Padre y al Hijo, y los anticristos, que dividen a la comunidad, son los dos errores denunciados en esta carta: diluir o distorsionar el Misterio de la Encarnación negándolo al afirmar que Cristo no asumió realmente una carne mortal. Por otra parte, pensar que el amor a Dios es un amor desencarnado que no incluye el amor al prójimo de carne y hueso.
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Reflexión: Julián Riquelme
• Contexto - Palestina, año 1: Nadie imaginaba que el niño recién nacido llamado Jesús, era el Mesías ni menos que fuera la Palabra de Dios encarnada. - Jerusalén, año 100: Se toma conciencia de que Jesús, muerto y resucitado, es la Palabra de Dios (hb. “dabar”; gr. “logos”), que el Padre Dios, lleno de Amor, regala a todos los seres humanos, para que, creyendo en Cristo, tengan vida eterna (Jn 3,16; 20,31).
• Sentido Algunos llaman a este trozo bíblico el “Prólogo del Evangelio de Juan”, otros lo denominan “Himno inicial”. Igualmente podría llamarse “Síntesis introductoria”, porque contiene por anticipado los grandes temas del Evangelio. He aquí sus ejes principales:
• La Palabra del Dios Amor es creadora (1,1-10). Esta Palabra, que estaba junto a Dios y es Dios, aparece en la historia como la vida, que es la luz de los hombres; pero los seres humanos, envueltos en las tinieblas, debido a sus temores, no la percibieron, más bien se opusieron a esa vida-luz (1,3-5); vino Juan Bautista, enviado por Dios como Testigo, para que todos creyeran en Jesús por medio de él (1,6-8); sin embargo, los seres humanos se negaron a responder al ideal de plenitud de vida, vida divina, al que estaban convocados desde la creación del mundo (1,9-10).
• El proyecto de Dios se realiza en Jesús (1,11-13). El Nazareno, Palabra de Dios, es rechazado por su pueblo: se prefiere la tiniebla a la luz, la muerte a la vida, el pecado al renacer de nuevo (1,11); pero a quienes aceptan la persona de Jesús se les da la capacidad de ir creciendo como hijos de Dios (1,12); éstos no llegan al mundo por nacimiento humano, sino por nacimiento divino: por obra del Espíritu Santo, lo cual se realiza por la aceptación de la persona de Jesús (1,13; cf. 1,30.33).
• Es la vida la que produce luz, y no al revés (1,14-18). Por el Amor del Padre, la Palabra se hizo carne y acampa entre nosotros: esto es la anticipación de la gloria, que nosotros podemos desde ya experimentar (1,14); es la experiencia que había anunciado Juan Bautista (1,15); las comunidades cristianas participamos de la plenitud que ha traído Jesús (1,16); para “los Judíos”, la fidelidad a la Ley, aunque mate al ser humano, es la suprema prioridad: así hacen de la Ley un instrumento de muerte (1,17ª); para quienes seguimos a Jesús, solo a través de Él experimentamos al Padre y recibimos la comunicación de la vida (1,17b-18).
Santa María Madre de Dios (aquí)
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