ADVIENTO II: EVANGELIOS

Viernes: Nuestra Señora de Guadalupe


Lecturas: Isaías 7,10-14 / Gálatas 4,4-7 / Lucas 1,39-48

• Dos mujeres se saludan, se abrazan, se regocijan, se acompañan. Ambas están preñadas con la promesa de sus hijos. Una de las criaturas exulta en el seno de su madre. ¿Qué símbolismo entraña este encuentro?

• Una mirada a la evolución de la especie humana muestra que durante millones de años se estaba gestando en el organismo prehumano la chispa de la palabra. Centenares de miles de años transcurrieron para que, en palabras musitadas, fuera configurándose un «yo» y un «tú».

• Pasaron otros miles y miles de años para que despuntara el homo sapiens y luego la cultura nómada recolectora y luego la civilización agrícola sedentaria y luego la memoria histórica. Así llegó eso que san Pablo llamó «plenitud de los tiempos» (Gal 4,4-7).

• Estos tiempos de plenitud no corresponden al orden natural de la evolución del universo y de las especies, que sigue unas leyes inmanentes y depende de causas intramundanas.

• La plenitud de los tiempos de gestación de una humanidad nueva depende de Dios, que obra la gestación de dos criaturas en el seno de Isabel y de María. Nueve meses de vida intrauterina.

• A esos nueve meses se añaden 25 o 30 años de vida oculta, antes de que comience a escucharse la palabra de dos profetas: «Detrás de mi viene uno con más autoridad que yo… Yo los he bautizado con agua, él los bautizará con Espíritu Santo» «Se ha cumplido el tiempo y esta cerca el Reinado de Dios».

• Estos tiempos, natural uno y sobrenatural otro, de gestación y maduración tan largos son tiempos femeninos: de evolución, de madre naturaleza, de maternidad, de vida familiar, de providencia de un Dios Padre-y-Madre.

• Estas grandes eras y estas etapas femeninas se concentran en dos mujeres que llevan en su seno la promesa de una humanidad nueva: Isabel y Juan, María y Jesús.

• Hay todavía otra matriz en cuyo seno se gesta la creación entera y va madurando, como en una vida intrauterina, hacia su nacimiento a la plenitud de la vida. Esa matriz es la Creatividad de Dios por su Palabra y su Amor de Predilección.

• En esa matriz todo va madurando hacia su plenitud. La maternidad de dos mujeres, Isabel y María, son indicio del misterio de la Matriz Divina que lo envuelve todo: Dios que es Amor.

 

Lecturas: Isaías y Gálatas

• El «Oráculo del Emmanuel, Dios-con-nosotros» tiene dos dimensiones, una es histórica, otra es trascendente. El Emmanuel histórico, circunscrito en el tiempo, es el hijo del Ajaz y de su mujer hacia el año 734 aC.

• El Emmanuel que trasciende la historia es el Hijo de Dios encarnado en el seno de María. Esta lectura trascedente de un oráculo histórico es la revelación del origen de Jesús tal como lo presenta san Mateo en su Evangelio. San Lucas lo hará en el relato de la Anunciación.

• Este breve pasaje de Gálatas proclama el misterio extraordinario de la humanización de Dios y de la divinización de la humanidad. El Hijo de Dios nace bajo la ley en una humanidad pecadora a fin de rescatar a quienes estamos sometidos a la ley y al pecado.

• La consumación de este misterio es el don del Espíritu Santo que nos lleva a compartir la vida divina: llamar a Dios «Abba, Padre», ser sus hijas e hijos y gozar de su vida y su felicidad.

 

Oración de la Misa: «Padre de misericordia, que has puesto a este pueblo tuyo bajo la especial protección de la siempre Virgen María de Guadalupe, Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, profundizar en nuestra fe y buscar el progreso de nuestra patria por caminos de justicia y de paz»

• Hemos de asumir nuestra responsabilidad por la justicia y la paz en lo que nos corresponde, sin esperar pasivamente que otros lo hagan. Y hemos de exigir a las autoridades, que no han cumplido ni con la justicia ni con la paz, hacer lo que les corresponde.

 

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Reflexión: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 1: Probablemente el Bautista y Jesús no se conocieron ni en su infancia ni en su juventud, porque cuando son adultos, nada se dice sobre un supuesto parentesco entre ellos. Es más: El Bautista afirma que no conocía a Jesús (Jn 1,31.33). - Grecia, año 80: Como los seguidores del Bautista y los de Jesús no están totalmente unidos (Hch 19,1-7), Lucas crea un relato, en el que María visita a Isabel, y ambos niños se encuentren en el vientre de sus respectivas madres. Su mensaje es claro: Jesús es el Mesías, y Juan es su inmediato Precursor.

• Sentido El Evangelio de la “Visitación de la Virgen María” se puede memorizar con tres palabras:

• Alegría (1,39-41a). El Bautista salta de alegría en el vientre de su madre. María se levanta y va a casa de Zacarías e Isabel. Y, al estar estrechamente unida a Cristo, ella beneficia a otras personas, con su presencia y su saludo: propicia el encuentro entre Jesús y Juan Bautista. Es el único encuentro entre ambos en el Evangelio de Lucas. Por eso, el Precursor, antes de nacer, “saltó de alegría” en el vientre de su madre. De esta manera, Juan, antes de nacer, da testimonio de Cristo como superior a él, y Juan queda como subordinado. Jesús, ya desde el vientre de su madre, empieza su misión: Llevar a otros a descubrir los caminos, que conducen a la plenitud humana, y a la alegría de la experiencia de Dios. Lección: María colabora con Cristo.

• Experiencia (1,41b-44). Isabel manifiesta su experiencia en este encuentro. La madre del Precursor, “llena del Espíritu Santo”, exclama admirada: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!”. Y, desde la fe, agradece: “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?”, con lo cual ella también reconoce que el hijo de María es infinitamente superior al suyo. Moraleja: Todo personaje que conozcamos en nuestro peregrinar, por grandioso que sea, siempre será inferior a Jesús; y cualquier palabra, mensaje o propuesta, que encontremos, si humaniza, acerca a Cristo.

• Felicitación (1,45). La Madre del Precursor felicita la fe de María. La Madre de Jesús, creyó en Él como el Mesías (Hch 1,14), por eso recibe aquí esta bienaventuranza: “Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”. Según el relato de la Visitación, María se volvió a Nazaret justo antes de que naciera Juan, cuando Isabel más la necesitaba; o sea que ella solo fue donde Zacarías e Isabel, para que quedara en claro quién era el Mesías. Ella tiene una dignidad especial, como lo reconoce Isabel, porque es la “madre de mi Señor” (Lc 1,43). Mensaje: Nosotros también somos invitados a crecer en la fe, es decir, a cultivar la confianza sin límites en Dios, que siempre quiere lo mejor para los seres humanos. María es un arquetipo y modelo de nuestra fe.

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