Lecturas: Isaías 50,4-7; Filipenses 2,6-11; Mateo 21,1-11 y capítulos 26-27
Una perspectiva para vivir los Días Santos

• Andrés Torres Queiruga, excelente teólogo gallego, formula una cuestión fundamental acerca de la fe cristiana ofrecida a toda la humanidad. Hagamos así la pregunta: ¿qué se requiere para que la manifestación de Dios, que Jesús ha traído a nuestra tierra, abarque a toda la humanidad? Él, Jesús, que dijo a Felipe: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre» ¿Qué vemos en Jesús, que nos hace ver un amor del Padre que incluye a toda persona de esta humanidad nuestra? Esta es la respuesta de Torres Queiruga:
«La respuesta nace con toda evidencia del evangelio: sí, porque la suya – la de Cristo – es una universalidad "desde abajo". El asombro ante la kénosis de Cristo [despojo que él hace de su divinidad para asumir nuesta humanidad, y despojo de su humanidad que él padece en la cruz], tan vivo en el siglo XIX y tan actual siempre, resulta traducible en la presente prespectiva como un cur tam infra? –¿por qué tan abajo?–. Y también resplancece aquí la absoluta apetura de Dios a la real universalidad del ser humano.
»La radical oposición de Jesús a particularizar la salvación, excluyendo de ella a cualquier grupo o individuo, fue refrendada y visualizada por su misma vida, al escoger la única universalidad posible dentro de la historia: la del sufrimiento y el despojo, la de la solidaridad y de darlo absolutamente todo. La intuición del joven Marx, en su búsqueda humanista de un auténtico sujeto universal para la historia tiene aquí, seguramente, su inspiración y, en todo caso, su arquetipo real. Al proletariado, despojado de todo, sin privilegio ninguno y sin otro título que el de su desnuda humanidad, y por eso capaz de emancipar “a todas las esferas de la sociedad”, le corresponde aquel que había sido anunciado como el Siervo despojado de todo (Is 52-53), el que no tenía ni “dónde reclinar la cabeza” (Mt 8,20/Lc 9,58) y que “tomó forma de esclavo” (Flp 2,5-11)».
• Añado una nota a esta consideración. Lo más bajo, la universalidad más radical, la que incluye a toda la humanidad desde lo más bajo, es la humanidad de la que son despojadas todas las víctimas de la violencia humana, especialmente el despojo más atroz: víctimas de guerra: Hiroshima, Nagasaki; víctimas de genocidios: kurdos, judíos, esclavos; víctimas del sacrificio ideológico: gulags, hambrunas, Pol Pot; víctimas de exterminio étnico: apartheid de Sudáfrica, Ruanda 1994; víctimas de crueldad criminal: narcomasacres, feminicidios... y un largo etcétera. En México no puede haber anuncio eficaz de la fe cristiana, si no se hace desde el límite extremo, por debajo del cual somos despojados de nuestra humanidad –y lo somos todos: víctimas, victimarios y espectadores–. Ese límite extremo es el que está marcado por estos mandamientos: No matarás No robarás No mentirás.
• Octavio Paz hace este recuento simbólico de crímenes y víctimas, que termina con el grito en la tarde del viernes, en 87 versos de Piedra de sol (versos 435-487):
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no pasa nada, callas, parpadeas |
los carajos, los ayes, los silencios del criminal, el santo, el pobre diablo, cementerios de frases y de anécdotas que los perros retóricos escarban, el delirio, el relincho, el ruido oscuro que hacemos al morir y ese jadeo de la vida que nace y el sonido de huesos machacados en la riña y la boca de espuma del profeta y su grito v el grito del verdugo y el grito de la víctima… ...................................son llamas los ojos y son llamas lo que miran, llama la oreja y el sonido llama, brasa los labios y tizón la lengua, el tacto y lo que toca, el pensamiento y lo pensado, llama el que lo piensa, todo se quema, el universo es llama, arde la misma nada que no es nada sino un pensar en llamas, al fin humo: no hay verdugo ni víctima… ...................................... ¿y el grito en la tarde del viernes?, y el silencio que se cubre de signos, el silencio que dice sin decir, ¿no dice nada?, ¿no son nada los gritos de los hombres?, ¿no pasa nada cuando pasa el tiempo? .. |
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
• Con esta celebración comienza la Semana Santa que culmina en la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección. Tiempo litúrgico para compenetrarse de la tragedia humana que nos envuelve y de su pasmoso desenlace glorioso. Presentamos una guía para meditar las lecturas de Isaías, Pablo y Mateo.

• Isaías. Tercer Cántico del Siervo de Yahveh: este profeta, que será rechazado, tiene oído y lengua de discípulo para escuchar a Dios e infundir aliento, fortaleza, esperanza a sus semejantes. ¿Quién se hace cargo de esta humanidad violenta, de sus crímenes, de sus víctimas? Este siervo es imagen precursora de Jesús, el único que se ha hecho cargo realmente de una humanidad inhumana sometiéndose a esa inhumanidad para rescatarla de esa bajeza. ¿Qué crímenes? ¿Qué inhumanidad? Dejar encerradas en una cárcel (supuesto albergue), quemándose vivas, a 68 personas emigrantes en Ciudad Juárez, México (27.3.2023).
• Pablo. Himno Pascual: el misterio que late en la tragedia humana y su desenlace sobrehumano se ha manifestado. ¿Qué cantaban los primeros seguidores de Jesús de origen judío en Palestina? Alaban que Jesús se despoja de su divinidad –kénosis en griego– y que asume lo más vil de nuestra humanidad: ser despojado de ella en una muerte ignominiosa de cruz. Alaban a Dios, la fidelidad y la fuerza de su amor que penetra en la infamia de una muerte por ejecución, para rescatar a la víctima, y con ella a toda la humanidad, de la vileza del mal y de la muerte, para llevarla a la gloria de una humanidad transformada.
• Mateo. Jesús entra en Jerusalén como rey de paz: se acercaba la Pascua, memorial de liberación de la esclavitud egipcia, celebración anticipada de una nueva liberación. Jesús participa en el memorial y la celebración, pero la liberación por la cual dará su vida viene de Dios: es el don de su paz que sana de raíz toda violencia, es el don de la vida inmortal que triunfa sobre la muerte.
• Mateo. Pasión de nuestro Señor Jesucristo: es el memorial de la tragedia humana y de su misterio latente. No solo memorial: actualización, en la que tú, yo, ella, nuestra humanidad toda, somos actores. Allí estamos entre los protagonistas históricos de la persecución, la traición, el abandono, la condena, la ejecución de Jesús. Allí estamos con él, en él, sometido a la vileza de nuestra condición sin replicar. Allí estamos con él, en él, en su muerte a la espera de su resurrección y de la nuestra. Y estaremos con él en Dios por el cumplimiento final de su promesa: «En esto consiste la vida eterna: en conocerte a ti, el Único Dios Verdadero, y a tu enviado, Jesús el Mesías» (Jn 17,3).
• Paul Gauguin (1848-1903): Cristo amarillo • Marc Chagall (1887-1985): Cristo blanco
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Claves para la homilía: Julián Riquelme
• Contexto - Palestina, año 30: Jesús hizo una entrada especial a Jerusalén y después purificó el templo. - Antioquía (Siria) año 80: Los primeros cristianos adhieren a Jesús como el Mesías bondadoso y doliente, querido por Dios
• Sentido El tema del Evangelio es la “Entrada de Jesús en Jerusalén”. El texto se puede dividir en tres partes:
• Preparación (21,1-5). Jesús Mesías se esfuerza por usar una cabalgadura especial para entrar en Jerusalén. La mula era la cabalgadura de los antiguos reyes de Israel (1 Re 1,33). El Nazareno rechaza presentarse como un rey guerrero y violento, y opta por una cabalgadura de la gente pobre (Is 62,11; Zac 9,9; Sal 118,25-26). Lección: Jesús es el único, que, en ese ahora, tiene conciencia de ser el Mesías querido por Dios; los discípulos no logran entenderlo del todo; y la multitud está más alejada de comprender al Nazareno, pues se encuentra habituada a las doctrinas de los líderes judíos.
• Entronización (21,6-9). La entrada a la ciudad comienza en Betfagé. Cristo va montado en una borrica, que va acompañada por un pollino hijo de ella. Parte de la multitud lo saluda como rey, que entra en Jerusalén para realizar por amor el servicio (Mt 20,28). El saludo es un grito de alabanza, pues va a liberar definitivamente a su pueblo. Enseñanza: Manifestar a Jesús como Mesías para todos era tarea de aquel Pueblo de Dios, incluyendo a sus jefes.
• Conmoción (21,10-11). Cuando Jesús entra en Jerusalén, el estremecimiento se apodera de la ciudad (cf. Mt 2,3). La alabanza de algunos y el cabalgar sobre una borrica despiertan la curiosidad mesiánica de las turbas: “¿Quién es este hombre?” “¿No será el Mesías esperado?” La respuesta la dan quienes rodean a Jesús y lo aclaman: “Es el profeta de Nazaret de Galilea”. Mensaje: Jesús, consciente de ser el Mesías de Dios, no se presenta como un líder poderoso ni como un acomplejado sin personalidad, sino que asume la sencillez que humaniza. Los seguidores de Cristo debemos evitar tanto el triunfalismo como el derrotismo, trabajando por la humanización de todos.
Lunes Santo (aquí)
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